A mi el pasar miedo no es algo que me entusiasme, pero como es lo que toca, y a mí lo que más me gusta es la risa, pues que mejor que hacer ambas cosas a la vez.
martes, 1 de noviembre de 2011
lunes, 16 de mayo de 2011
EL BEL CANTO.
Ultimamente me ha dado por iniciarme en el bel canto y ando tratando de distinguir entre barítonos, tenores, contratenores, sopranos, contraltos, etc. Me parecen fascinantes los diferentes tipos de voces existentes y el poder armonizarlas en una obra teatral y musical de extraordinaria calidad como es la ópera. Pues bien, el otro día buscando ópera precisamente encontré un grupo polaco que con sus maravillosas voces, sus magníficos acompañamientos y una sensacional puesta en escena, eran capaces de adaptar canciones pop con una fuerza y una originalidad excepcionales. Quizás exagero, pero puede que aún no me haya restablecido de la emoción que sentí escuchándolos.
UN PUÑETERO LUNES SIN MÁS.
Después de un domingo de hacer el vago y con gusto te toca levantarte el lunes con mucho sueño y muy pocas ganas. Los brazos de Morfeo se convierten en protagonistas y no te quieren soltar ni a sol ni a sombra. Conforme avanza el día deseas que llegue la noche para que la rutina perdida vuelva a ti y no te deje. Luego a esperar que llegue el viernes y la rutina se vaya con viento fresco otra vez. El círculo, a la vez tan vicioso y a la vez tan necesario. Saludos y aunque no parezca posible, deseo un buen lunes.
viernes, 13 de mayo de 2011
ACABABA DE COGER EL TREN.
Acababa de coger el tren. Un asunto le traía entre manos. La ciudad era grande, pero él ya no vivía en ella. Había ido para un asunto privado. En otro momento, o quizás ya en otra vida moró, pero ahora de aquello sólo le quedaba un recuerdo. Y literalmente, “solo”, pues todo había cambiado. Ya nada se veía igual. Aquellos ojos de chico que todo lo miraban por primera vez ya habían desaparecido por completo. En su lugar, unos ojos más vividos, remiraban lo ya visto. Sus compañeros de tren poco interés mostraban en lo que había a su alrededor, poco les importaba. Para ellos, demasiado conocido todo, demasiado triste. El tren corría, corría, no se paraba y aquellos hombres y mujeres dormían, leían, miraban al frente, con la mente puesta en otra parte, posiblemente en el hogar, dulce hogar. Las ventanas se podían perfectamente haber quitado y no se hubiera notado nada. La luz del interior del vagón al llegar la noche se reflejaba en el cristal y no se veía nada pero tampoco había nada.
Los lugares por donde pasa una vía de tren no tienen atractivo. A nadie le gusta quedarse en ella, ni siquiera a las plantas. El metal, el “ferro carril” lo domina todo y ahuyenta a la naturaleza que deja paso al desierto. En cuanto a él, el tren le llevaba a su quehacer, el cual quería quitarse de encima cuanto antes, como a su vez quería regresar de su pasado a su presente, donde a estas alturas de su vida radicaba su ser. Su pasado suponía en realidad una transposición a un mundo que ya dejó de existir hace ya mucho tiempo, como decíamos, hace ya otra vida.
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