Ayer estuve viendo La
Cubana en el Teatro Gayarre de Pamplona/Iruñea y me sorprendió un
montón la ausencia de aire acondicionado. Me extrañó porque estuvo
todo un año cerrado para reformarse y supongo que eso venía dado.
No sé si hay o no hay y si hay cómo no se puso en funcionamiento. El destinatario de mi reclamación es el
Ayuntamiento de Pamplona como propietario del local y el alcalde como
presidente de la Fundación Gayarre. No he visto la preocupación
por este hecho si los comparamos con el interés de que no haya
ikurriñas en el Ayuntamiento y en la misma plaza consistorial
(siendo ésta una plaza pública, del pueblo, no del Ayuntamiento, si
se llama Consistorial es porque está el Consistorio, no porque
pertenezca a él, vamos que no se trata de la Plaza de San Pedro de
Roma que sí pertenece al Estado Vaticano). El gobierno municipal
está más preocupado de que aparezca en la tele una bandera que el
bienestar del público en un teatro, donde podría haber habido (si
no ha sucedido ya) desmayos y lipotimias. Ayer hasta los actores en
la última escena se quejaron del calor. Luego van a ir a San
Sebastián, a Donostia, me da por ir a preguntar dónde la vayan a
echar si ponen acondicionamiento, porque si es así, lo que
deberíamos hacer la próxima vez es dormir en Donostia y ver la
función allá (el que pueda, claro, de momento yo sí puedo). Aquí
en Navarra están pasando muchas cosas para que a los espectadores de
un teatro nos traten de una manera indigna cobrándonos, o mejor
timándonos 35 euros en sala y algo menos en palco y antiteatro. Yo ya no sé que pensar, pero lo que
está pasando por aquí da lugar a pensar mal, pero, que muy mal.
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